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El Atlantis atracado en la Mir en julio de 1995, y abajo a la derecha asoma la Tierra

La estación Mir, quince años en órbita

Desde Fiyi se vieron los trozos de la Mir cruzar el cielo como bengalas. Era el 23 de marzo de 2001, a las 05:59 en hora universal, y la estación dejaba de existir. Lo que no ardió en la atmósfera cayó al Pacífico Sur, lejos de cualquier costa.

Quince años antes había despegado siendo una sola pieza. Al final tenía siete módulos presurizados y pesaba casi 130 toneladas, y por sus escotillas habían pasado más de cien personas de doce países.

1986

Un núcleo y seis módulos más

Un Proton-K despega entre humo anaranjado
Un Proton-K lanzando Zarya, 1998
Los módulos de la Mir salen en cruz del nodo central, cada uno con sus paneles
La Mir desde el Endeavour, enero de 1998

Lo primero que se lanzó, en febrero de 1986, fue el núcleo, heredero directo de las estaciones Salyut. Hacía de vivienda y de puesto de mando, y en él iban los motores. En la proa llevaba un nodo esférico con cinco puertos de atraque, y en la popa, uno más.

A ese nodo se le fueron colgando laboratorios durante diez años, casi todos lanzados con un cohete Proton desde Baikonur. Cada módulo atracaba primero en el puerto de proa, y luego un brazo corto, el Lyappa, lo hacía girar hasta su puerto lateral. Kvant-1 fue la excepción y se quedó en la popa. El módulo de acoplamiento ni siquiera vino en un Proton. Lo trajo un transbordador estadounidense.

Con Kvant-1 hubo problemas. En el primer intento el acoplamiento no cerró, y dos cosmonautas tuvieron que salir de la estación a quitar lo que atascaba el mecanismo. Según los relatos de la misión, era una bolsa de basura que se había quedado enganchada allí al marcharse la última nave de carga.

Por fuera, la Mir acabó pareciendo una cruz algo torcida, con paneles solares de distintas épocas que se pasaban de un módulo a otro cuando hacía falta.

Núcleo (bloque base)
Lanzamiento: 19 de febrero de 1986 (ya día 20 en Moscú)
Vivienda, mando, motores y el nodo de atraque.
Kvant-1
Lanzamiento: 31 de marzo de 1987 · Acoplamiento: abril de 1987
Telescopios de rayos X y giróscopos para orientar la estación ahorrando combustible.
Kvant-2
Lanzamiento: 26 de noviembre de 1989 · Acoplamiento: 6 de diciembre de 1989
Esclusa para salir al exterior, reciclaje de agua y una ducha.
Kristall
Lanzamiento: 31 de mayo de 1990 · Acoplamiento: 10 de junio de 1990
Hornos para fabricar materiales y dos puertos pensados para el transbordador soviético Buran.
Spektr
Lanzamiento: 20 de mayo de 1995 · Acoplamiento: 1 de junio de 1995
Observación de la Tierra, equipos de la NASA y cuatro paneles solares.
Módulo de acoplamiento
Lanzamiento: 12 de noviembre de 1995, en el Atlantis · Acoplamiento: 15 de noviembre de 1995
Puerto fijo para los transbordadores, unido a Kristall.
Priroda
Lanzamiento: 23 de abril de 1996 · Acoplamiento: 26 de abril de 1996
Radares y espectrómetros para estudiar la superficie terrestre.

Las cifras de la estación

Las medidas son de la estación ya terminada, con sus siete módulos. Las vueltas y los días abarcan toda su vida en órbita, de 1986 a 2001.

Masa total
129.700 kg
Longitud
19 m
Anchura con los paneles
31 m
Volumen presurizado
350 m³
Altura de la órbita
354–374 km
Inclinación
51,6°
Vueltas a la Tierra
86.331
Días con gente a bordo
4.592
Ocupación sin interrupción, de 1989 a 1999
3.644 días
Expediciones de larga duración
28

A esa altura una vuelta dura una hora y media, poco más. Salen unas dieciséis al día, y otros tantos amaneceres.

El récord de 3.644 días seguidos con tripulación aguantó once años, hasta que en octubre de 2010 lo superó la Estación Espacial Internacional.

1989

Vivir a 360 kilómetros

Cosmonauta flotando en el núcleo, entre cables, paneles de control y aparatos

En el núcleo había dos camarotes individuales, las kayutas, cada uno del tamaño de un armario y con su ojo de buey. Allí dormían los dos cosmonautas, metidos en un saco sujeto a la pared. Si había un tercero a bordo, que se buscara sitio en otro módulo. Al lado estaban la mesa de comer, con un calentador para las latas, y el puesto de control.

El día se iba en experimentos y mantenimiento, y aparte tocaba sudar. Sin gravedad el músculo y el hueso se pierden deprisa, así que la cinta de correr y la bicicleta estática eran obligatorias. Unas dos horas diarias.

Parte del agua se sacaba de la humedad del aire y, desde que llegó Kvant-2, también de la orina. El oxígeno salía de unos electrolizadores llamados Elektron. Si fallaban, quedaba un sistema de reserva con cartuchos químicos que soltaban oxígeno al quemarse. Uno de esos cartuchos provocó el incendio de febrero de 1997.

Todo lo demás había que mandarlo desde la Tierra en las naves de carga Progress, que volaban sin tripulación. En la bodega solía ir esto:

  • Combustible para los motores de la estación. Con los del propio Progress se elevaba además la órbita, que el roce con la atmósfera iba bajando poco a poco.
  • Agua potable y reservas de oxígeno y aire.
  • Comida, con algo de fruta y verdura fresca cuando el calendario lo permitía.
  • Repuestos y herramientas para las averías, y material para los experimentos.

Casi siempre subían también cartas y fotos de casa, a veces con algún paquete de la familia. Cuando el Progress se vaciaba, lo llenaban de basura. Luego lo soltaban y se quemaba al entrar en la atmósfera, con basura y todo.

Una astronauta corre en la cinta del módulo base, sujeta con arneses
Shannon Lucid en la cinta de correr, marzo de 1996
Bolsas blancas y equipos amontonados dentro de un módulo Escotillas abiertas del nodo de proa, atravesadas por cables y mangueras

1994

Gente de doce países

Un cosmonauta asomado a una ventanilla redonda de la Mir
Valeri Poliakov en una ventanilla de la Mir, febrero de 1995

La mayoría de las tripulaciones fueron soviéticas y, desde 1992, rusas. Al principio los extranjeros venían con el programa Intercosmos o por acuerdos con Francia. Después hubo vuelos comerciales o patrocinados, como el de un periodista de una cadena japonesa en 1990 o el de una química británica en 1991.

La Agencia Espacial Europea mandó dos misiones. Euromir 94 duró un mes y Euromir 95, casi medio año. En la primera el titular era el alemán Ulf Merbold. Su suplente, el español Pedro Duque, se había preparado en la Ciudad de las Estrellas, a las afueras de Moscú, pero se quedó en tierra y nunca pisó la Mir. Tuvo que esperar a 1998 para volar por primera vez, y lo hizo en el transbordador Discovery.

Valeri Poliakov subió a la Mir el 8 de enero de 1994 y no bajó hasta el 22 de marzo de 1995. Más de treinta años después, nadie ha pasado tanto tiempo seguido en el espacio.

Algunas estancias largas en la Mir
QuiénPaísAñosDuración
Valeri PoliakovRusia1994–1995437 días y casi 18 horas
Shannon LucidEstados Unidos1996188 días
Thomas Reiter (Euromir 95)Alemania, por la ESA1995–1996179 días
Jerry LinengerEstados Unidos1997132 días

Poliakov era médico, y durante aquellos 437 días el conejillo de indias fue él mismo. Quería comprobar, entre otras cosas, si el cuerpo aguantaría un viaje tan largo como el que haría falta para llegar a Marte. Al aterrizar se empeñó en dar los primeros pasos sin ayuda.

1995

Los transbordadores en la Mir

La Mir en órbita, con nubes y mar debajo
Desde el Discovery, junio de 1998

A mediados de los noventa la NASA y la agencia espacial rusa se pusieron a trabajar juntas, en lo que los estadounidenses llamaron la «fase uno» de la futura estación internacional. Antes de construir nada en común había que aprender a atracar y a pasar meses en órbita con los rusos. Se empezó por lo más sencillo.

  1. Febrero de 1994, misión STS-60 Serguéi Krikaliov se convierte en el primer cosmonauta ruso que viaja en un transbordador.
  2. Febrero de 1995, STS-63 El Discovery se arrima a 11 metros de la Mir, sin tocarla. Es el ensayo general.
  3. 29 de junio de 1995, STS-71 Primer atraque del Atlantis, y durante unos días hay diez personas a bordo del conjunto.
  4. Noviembre de 1995, STS-74 El Atlantis lleva el módulo de acoplamiento y lo deja fijado a Kristall, para que los atraques siguientes sean más fáciles.
  5. Junio de 1998, STS-91 El Discovery cierra la serie con el noveno atraque y se trae a casa a Andrew Thomas, el último estadounidense que vivió en la Mir.

Entre marzo de 1995 y junio de 1998 fueron relevándose en la estación siete astronautas de la NASA. El primero, Norman Thagard, viajó en una Soyuz rusa. Sumadas sus estancias, salen casi mil días.

1997

El año de las averías

Panel solar de Spektr doblado y roto por el choque Spektr visto desde el Atlantis en 1997, todavía con los paneles torcidos

El 23 de febrero de 1997 había seis personas a bordo, más de lo habitual, porque coincidían dos tripulaciones rusas en pleno relevo, un alemán y el estadounidense Jerry Linenger. Ese día uno de los cartuchos de oxígeno de reserva se prendió y ardió sin control. Las llamas duraron poco, pero según contaron después les cortaron el paso hacia una de las dos Soyuz de regreso. El humo llenó los módulos, y los seis siguieron trabajando con mascarillas.

Cuatro meses más tarde, el 25 de junio, tocaba probar el atraque manual de un Progress, el M-34, que se guiaba a distancia desde dentro de la estación. La nave se desvió y fue a dar contra el módulo Spektr. Un panel quedó dañado y el casco empezó a perder aire.

Hubo que darse prisa. A bordo cortaron los cables que pasaban por la escotilla y sellaron Spektr con una tapa. Con él se fue cerca de la mitad de la electricidad de la Mir, la que salía de sus cuatro paneles. Siguieron semanas con los sistemas al mínimo. El ordenador de a bordo falló más de una vez. En agosto, otra tripulación entró con trajes espaciales en el módulo sin presión para reconectar los cables de los paneles.

Nadie resultó herido en ninguno de los dos. Pero la estación ya tenía más de diez años, y desde entonces las reparaciones se llevaron buena parte del tiempo que antes iba a los experimentos.

2001

El final sobre el Pacífico Sur

La estación entera: Priroda, Spektr, Kvant-2 y Kristall alrededor del núcleo, más una Progress y una Soyuz atracadas
La Mir entera en enero de 1997, vista desde el Atlantis

La última tripulación, la de la expedición 28, se marchó en junio de 2000. Una empresa con capital privado intentó mantener la estación en órbita, y con su dinero se pagó aquella última estancia, pero no dio para más. Rusia decidió bajarla de forma controlada. A finales de enero de 2001 atracó el Progress M1-5, con el combustible necesario para frenarla.

La bajada final, el 23 de marzo, llevó unas cinco horas y media (todas las horas, en UTC).

  1. 00:32 Primer encendido de los motores de maniobra del Progress.
  2. 02:01 Segundo encendido, para bajar un poco más la órbita.
  3. 05:08 Encendido final, ya con el motor principal y la trayectoria calculada hacia el océano.
  4. 05:44 La estación cruza los 100 km de altura y empieza a romperse.
  5. 05:59 Se da por terminada la reentrada. Los restos que sobreviven caen al mar siguiendo su traza, en torno a los 40° S y 160° O.

No hubo daños en tierra, que era de lo que se trataba. Para eso se había elegido esa zona del Pacífico, la que se usa desde hace décadas para deshacerse de naves espaciales viejas, lejos de las rutas de barcos y aviones.

Después

Lo que heredó la Estación Espacial Internacional

Zvezda en la Estación Espacial Internacional, con un Progress atracado

La Mir iba a tener una sucesora rusa, la Mir-2, que como tal nunca voló. Su núcleo tenía que ser el gemelo de reserva que se había construido para la Mir, y acabó despegando el 12 de julio de 2000 con otro nombre, Zvezda. Hoy es el módulo de servicio ruso de la Estación Espacial Internacional.

Los nueve atraques de los transbordadores fueron, en la práctica, el ensayo de esa estación. Allí rusos y estadounidenses aprendieron a unir naves de los dos países en órbita y a convivir durante meses, que era justo lo que buscaba la «fase uno». Hasta la inclinación de la órbita es la misma que tenía la Mir, 51,6°.

Hoy

Verla pasar desde España

Con esa inclinación, la traza de la Mir cubría toda España, de Canarias al Cantábrico. Se veía a simple vista poco después de anochecer o un rato antes de amanecer, cuando abajo era de noche y la estación, a cientos de kilómetros de altura, todavía recibía el sol. Parecía una estrella con prisa, de luz fija, y cruzaba el cielo en pocos minutos. A veces se apagaba de golpe a medio camino, al entrar en la sombra de la Tierra. Mucha gente la vio en los noventa sin saber qué era.

La Estación Espacial Internacional se ve igual, y brilla más porque es mucho más grande. Para encontrarla no hace falta telescopio.

  1. Busca los pasos previstos para tu ciudad. La NASA los publica gratis en su servicio Spot the Station.
  2. Elige uno que suba alto sobre el horizonte. Se ve mejor y dura más.
  3. Sal unos minutos antes y mira hacia donde dice la predicción que va a aparecer.
  4. Si la luz parpadea o tiene colores, es un avión. La estación no parpadea.

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